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Descalabro

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Foto: Iván Garcés
Y entonces el cielo se cubrió de gris y comenzó a llover. Atardeceres hechos agua, nostalgia hecha charco. La vida reflejada en una tinaja sucia, que se destroza en la intemperie. El frío carcomiendo recuerdos, mientras los dientes y la mandíbula trituran las palabras no dichas.
Tiritando, mojado, ya estilando de pesadumbre, de hartazgo, camina con la ciudad en hombros quien se creyó inmune a la desidia, al pasar automático de los días. Pedazos de hielo golpean el rostro de la masa gris que circula por su propio laberinto. Ratones de laboratorio condicionados para encontrar su alimento o morir.
Mientras los borrachos de la Guayaquil, chimuelos, zarrapastrosos, lacrados, llenos de algarabía, van en busca de calor a la Plaza del Teatro. Cuerpos inconscientes embadurnados de placer, cebo y sudor. Seres embriagados de lujuria, en un hotel de cinco dólares el punto. Gemidos que afloran por la ventana, increpando a los transeúntes, disfuncionalmente aburridos, frígidos, ator…

El país de la infancia tendrá tu música

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Death

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Henri Cartier-Bresson
Mi relación con la muerte es, en realidad, un vacío palpitante por la ausencia. Lo sentí sin darme cuenta cuando me amputaron a mi padre. La sensación de presencia/ausencia me acompañó desde aquel entonces, hasta el día de hoy.
Recordé todo esto porque hoy pensé en mi segundo padre y en ese viaje sin retorno, en el que se fue alejando mientras moría, dejándome un segundo muñón. Esta vez, yo era consciente del cercenamiento. Sentí el dolor y la picazón de la ausencia. Ese tipo de sensación que no se va, nunca más se va.
Como si pudiese planificar el sentimiento que te va a partir en dos, acompañé a D, tomándolo de la mano, y cruzamos, yo más asustada que él, el infierno de una enfermedad que nos acercó, aún a sabiendas de que no saldríamos de esta juntos, ni de la mano, ni siquiera de frente.
Los recuerdos se presentan cada vez de manera diferente. Eso hace que persista el miedo de que un día, sin más, deje de recordar las cosas tal cual como sucedieron. Hay un pen…

Fever

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Tengo el recuerdo borroso y amarillento de esa noche. Supongo que lo borroso fue consecuencia del vino, y lo amarillento por el foco de tungsteno de tu estudio. En mi cabeza también hay un abrigo, unas gafas de sol y las más variadas sensaciones, que van desde la euforia del baile, hasta el escalofrío de un resfrío despiadado. No en ese orden obligatoriamente. 
Llegué tarde a tu casa. Tú me esperabas con una botella de vino descorchada y unas ganas incontenibles. No podría asegurar esto último pero, a juzgar por tus acciones, o era eso o... o nada, era eso. 
Nos bebimos el vino en la sala, yo acostada en el sillón y tú sentado, sosteniéndome los pies. Me contaste de qué iba el poster colgado en la pared, mientras masajeabas mis pies. No recuerdo mucho más de ese instante. La siguiente imagen fue la misma botella vacía y un par de cervezas repartidas en la mesa de centro, obviamente, sin nada en ellas. Nosotros ya no estábamos ahí. 
Tu estudio me recordó al de mi abuelo. El piso de madera…