martes, 7 de abril de 2009

6 cuerdas como 6 son mis pecados…

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6 cuerdas como seis son mis pecados. Uno por uno los describes, los sientes. Te sientas y me tomas de la manera más cómoda que puedes. El ébano de su cuerpo como el color de mi cabello, sin forma y tan maleable, se posa en tu regazo. Poco a poco tus manos como arañas tocan mis pecados y cada uno de ellos vibra produciendo esos gritos que armonizan contigo.

Y a ratos soy tu instrumento y me dejo llevar y en mi cabeza solo escucho esa canción que siempre me dejó pensando “Como una araña, un solo cuerpo y ocho patas…Las frases de la piel son mudas… onomatopéyicas, monosílabas…”.

Luego soy yo, la que después de todo, se acerca como el felino más sagaz a robarte el aliento y besarte las frustraciones, las inseguridades, los “hubiera querido” y los “nunca fue”. Y ya no tengo miedo de que tus arañas me corroan la piel, de que caminen por las fronteras de lo incierto y los “yo que sé”, inyectándome el veneno que crea esos espasmos en mi cuerpo.

Aunque dure poco, aunque seamos por las noches antropófagos y en las mañanas, presas de la urbe inquieta, desconfiada, hastiada de ver a gente que se comería a besos en cada esquina, sigo pensando que me quedaría acurrucada junto a vos, esperando quien sabe qué cosa, experimentando con las emociones.

Vivimos en un teatro de ficciones, de querernos sin querer queriendo. No me quieres porque no soy lo que estabas acostumbrado a esperar, a querer, a sentir. Soy lo que yo quisiera que fueras y no eres. Y aún así, viviendo en un trabalenguas diario me dices te quiero y yo lo siento real. Y no te quiero por mi lujuria, por mi sensibilidad en todos los niveles. Te quiero por calentarme los pies en las noches de frío y por no dejarme ir sola a ningún lugar. Por besarme la frente cuando pierdo el control y por sacarme sonrisas sin previo aviso.

A ver cómo te suena si te digo “te quiero”.