viernes, 10 de julio de 2009

Lo delicioso de la maldad

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Es un defecto humano y un maleficio divino ese de criticar a diestra y siniestra como si lo que le pasa a los otros, le pasa a uno. Es tan sencillo emitir comentarios, decir esto está bien y esto mal, las cosas son blanco o negro, yo no haría eso y por dentro “lo hiciera dos veces”. Es como si en mi cabeza se dibujará una foto tamaño carnet con un ángel blanco en mi hombro derecho y uno rojo en el izquierdo. Ojo: el ángelito blanco va a la derecha porque va derecho al cielo, está claro. La cuestión es que en la imagen los ángeles están a mí costado y yo en el centro, decidiendo o volviéndome loca.

En este punto, pienso que el ángelito rojo tiene desventaja. Es como si te presentaras a una entrevista en la que sabes que no van a elegirte porque nadie confía en ti. Cualquier cosa que digas podría ser utilizada en tu contra y hasta tu aspecto da mucho que decir. En pocas palabras: déjalo así o rézale al santo de las causas perdidas.

Aunque el cuento de los ángelitos sea solo una metáfora, en la realidad las cosas no distan de ser así. Dentro de nuestra cosmovisión occidental el bien está asociado con la eternidad o la inmortalidad. En cambio el mal va de la mano con el dolor y padecimiento eterno. ¿Así quien va a querer elegir al ángel malo, digo no? Y lo denomino ángel porque aunque haya bajado a las tinieblas, no deja de ser ángel, medio diferente pero a final de cuentas ángel.

El punto es que si le diéramos un poco más de crédito al mal, un poco menos de satanización y una dosis más de realismo, las cosas tendrían otro color y también otro sabor.

Primero, la calidad de una fotografía depende del ojo de quien mira, así que si alguien tiene las leyes y directrices del bien y del mal, ya no estudie, pasó su examen, se exoneró y se va directo al cielo, siguiente pregunta. Las cosas dependen siempre de un contexto y de las motivaciones que llevaron a realizar tal o cual acción. Por lo tanto, el bien y el mal son términos relativos que dependen en gran medida de cómo se dan las cosas.

Segundo, si el bien y el mal coexisten en nuestro pensamiento, en el entorno y en la vida del hombre, debe ser por algo. Si el bien se asocia siempre con lo divino, la perfección y Dios, puede ser que el mal se asocie con lo imperfecto, lo terrenal y mundano, lo cual me va bien porque a final de cuentas equivocarse es bueno para el aprendizaje y las maldades cuando se cometen entre dos saben mejor.

Tercero, dentro de algunas definiciones el mal es un concepto orientado a definir aquello que funciona como aliciente para aumentar el esfuerzo por conseguir lo bueno. Desde este punto de vista el mal solamente te da la pauta para esforzarte, perseverar y conseguir lo bueno o serlo.

En resumidas cuentas, la existencia del mal nos permite sentirnos y vernos como seres humanos, imperfectos sí, pero dueños de nuestras decisiones, errores y aciertos. El mal convive con nosotros todo el tiempo, lo cual no significa que tengamos que ser malévolos o maquiavélicos todo el día (eso ya depende de cada uno) solo nos permite de vez en cuando quitarnos el disfraz de ovejas y salir como lobos al acecho. El mal nos demuestra que no somos de piedra sino de carne y hueso.

Como diría Violetta en el libro Diablo Guardián de Xavier Velasco: “Los hombres son capaces de tremendas porquerías cuando les rascas en el lado oscuro. Cosas que no se atreven ni a pedir, pero que si se las ofreces luego luego les entra la generosidad.”

¿Quién no se ha reído pensando en maldades y cosas retorcidas? Bien dicen: el que en silencio se ríe, de sus picardías se acuerda…

jueves, 2 de julio de 2009

Completa incompleta

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Mi vida siempre se ha mantenido entre los extremos, o bien es blanco o negro. No significa que las mixturas y los degrades no me gusten, es solo que la mayoría de las veces tuve claro lo que quería, lo que sentía y lo que no.

Ahora las mitades se han apoderado de mi. Estoy media triste, media contenta, media iracunda: casi nunca completa. ¿Es preocupante o cada cambio debería ser recibido con el mejor semblante?

Puede ser que comenzar a percibir la realidad de manera colorida me enriquezca, pero también puede ser que pierda la sensibilidad y profundidad de una foto blanco y negro (con lo mucho que me gustan estas fotos).
Definitivamente soy una completa incompleta y este rompecabezas no termina de armarse.