Please, please, please, let me get what I want!


El peso de la inmovilidad, la ansiedad de lo que no llega porque nadie sale a buscarlo y la nostalgia de las tardes sin sol. El silencio espantoso que golpea la sien y la dubitación para dar el siguiente paso.

Al principio toda la energía impulsa el cuerpo hacia adelante, pero en el mismísimo instante en el que se decide a caminar el destino lo devuelve al punto de partida sin tratos y sin nada que decir. El ser no tiene más remedio que mirar al cielo y sentir las gotas de lluvia en su rostro y luego sentarse en el filo de la vereda sin entender qué debe hacer.

Para ese entonces ya todo está dicho y lo que se piense o se deje de pensar es algo que no cambiará el curso del devenir. Así que la mente se queda divagando por varios minutos hasta que entiende el significado de las palabras.

Lo que sigue es un deambular de aquí para allá, con los pies pegados al piso y las ganas al ras del suelo, hasta que no hay por qué caminar, ni por qué quedarse parado y nadie tiene la cara de ser tan malo y la mayoría tienen la cara de ser muy amables y por lo mismo, poco confiables.

El cuerpo no debe fiarse de quienes sonríen por todo y muestran detalles de aprecio exagerado porque ellos terminarán por romper lo poco de felicidad que queda sobre la mesa. Tampoco debe confiar en aquellos que muestran el rostro parco pues nadie, por triste que sea, puede mantenerse así por siempre. El cuerpo confía en la espontaneidad del alma, en la naturaleza de las emociones.

Frente a frente, cuando las máscaras de miedo van cayendo como telones históricos, el cuerpo se conjuga con la mente, buscando un poco de frialdad, crueldad e ingenuidad. Ya no existe la inmovilidad y la ansiedad va apaciguándose hasta que el ser disfruta de la nostalgia del silencio. Por primera vez, el ser no necesita dar ni un paso, se siente totalmente cómodo en el sitio donde está.

Comentarios

Martín ha dicho que…
Me gustó.
lolita ha dicho que…
Llega un momento en el cual el cuerpo no puede seguir inerte... Llega un instante en el que necesitamos movilidad...
Quijote ha dicho que…
lo de desconfiar en el que siempre se ríe de todo es la pura verdad.
Saludos
lolita ha dicho que…
No hay nadie en ningún planeta de este exquisito universo que sea tan amable! La amabilidad exagerada es síntoma claro de hipocresía!

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