Retazos en un bolso azul


Podría haber sido cualquiera, tienes razón, no había motivo específico para que fuera él, pero fue. No busco suficientes explicaciones en mi cabeza, ni demasiadas luces. Simplemente hay un taladro que realiza agujeros cada vez más profundos y comienza a causarme una jaqueca que no puedo controlar.

Él solo tenía su bolso ¿Sabes? y eso era lo más especial que poseía. Las cosas no siempre son equitativas, hay algunos que acumulan tanto y otros que solo tienen su bolso.

La cuestión no es tan simple. Aquel objeto puede parecer muy banal pero él guardaba lo que le importaba dentro. Su pequeño bolso azul...

Agustín era un tipo sencillo, alto, que iba por las calles con su pequeño bolso azul. Si no caminaba iba en su bicicleta roída por el tiempo, por los años y por la lluvia de esta ciudad que retumba en el cielo y resplandece por las noches.

Cuando llegaba a su casa, abría el bolso y metía todos los recuerdos del día. Había sonrisas por doquier y muchas miradas, pero había una que sobresalía: la mirada de su padre. Ese bolso estaba lleno de retazos de su padre, de su vida, de su muerte, de sus ojos, de sus manos...

El dilema es que a veces los objetos no quieren permanecer con sus dueños, no quieren conservar lo que se les ha encargado y Agustín perdió su bolso o éste quiso perderse.

Los días que siguieron no fueron los más felices, tampoco los más tristes, simplemente fueron los días en los que Agustín decidió no volver a guardar recuerdos y menos de su padre. Entendió que los retazos de memoria no deben guardarse en objetos perecibles al tiempo sino en herramientas perennes.

El cielo se cae a pedazos y Agustín recorre la vieja ciudad en su bici. El cielo se cae a pedazos y Agustín piensa en su padre...

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
solo leo tus textos...212
lolita ha dicho que…
Yo solo intento escribirlos de tal manera que lo cotidiano cobre un nuevo sentido.

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