jueves, 11 de marzo de 2010

DISECCIONES

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Lo tengo en mis manos, te tengo en mis manos. Pienso que sería alucinante estrujarte, diseccionarte, rascar cada resquicio y buscar cada parte oscura. Tomo un bisturí y hago la primera incisión. Brota mucha sangre roja, oscura, caliente. Limpio un poco la herida y veo el primer recuerdo: tu padre levantándote para ir a la escuela. Lo tomo con cuidado y lo pongo a un lado, no sin antes sentir que hubiera sido enternecedor tener el mismo recuerdo.

Realizo el segundo corte y escucho risas, carcajadas y se vislumbra a un niño flaco, flaco, de quizás 4 años contando chistes de muy alto calibre a sus familiares que lo aplauden acompañados de sonrisas. Tomo el recuerdo y lo coloco cerca del otro.

Al realizar el tercer corte, la sangre aparece coagulada, negra, fría. No puedo ver nada y solo atino a pensar que, como en todo, hay cortes o heridas que duelen y no sanan.

Pero cuando hago la cuarta incisión, aparece un niño tarareando: TIIII-TIII-TAAAAA! TSSS-TSSSS-TSSS! Y agitando su cabeza. Debe ser el recuerdo más fuerte o memorable pues al tenerlo en las manos he sentido el boom, boom, boom, como bombo de una batería.

Ahí está, abierto de par en par, diseccionado, lacerado por cada recuerdo, por cada noche de luna llena, por cada montaña escalada.

Lo tengo en mis manos. Pienso que sería alucinante estrujarte, diseccionarte… Pero los cortes permanecerían intactos por tiempo indefinido. La mayoría de remembranzas las vivo contigo. Soy por naturaleza curiosa, lo cual no quiere decir que sea capaz de diseccionarte para conocerte.

Lo tengo en mi manos, lo tengo en prenda, lo tengo de prestado. Así que lo envuelvo nuevamente y lo guardo cerca del mío. Al bisturí lo dejo en la ventana, quizás alguien lo encuentre. Si la tentación le gana diseccionará lo que le han prestado. A veces es imposible resistirse a los excesos.

viernes, 5 de marzo de 2010

"Mi"

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Ni ella me sigue , ni yo la busco, pero sabemos que estamos frente a frente. No la visito y ella hace lo mismo, sin embargo el trato está implícito.

Todos los días tienen el mismo itinerario. Camino hacia el sur, con mi cara fruncida y seria hasta llegar a la calle sin salida y miro de reojo. Un aire que aún no logro descifrar recorre mi rostro como un vaho de nostalgia, de aromas conocidos...

Cruzo la vereda, huyendo, pero al terminar el día siempre regreso. Uno siempre regresa, no hay duda. Me quedo parada quietita frente a la casa. Tu no sales, pero sé que estás ahí y no quiero que salgas, no quiero mirarte... solo estás ahí, al igual que los afectos, pendientes, colgados con pinzas secándose, volviendo a ser emociones vivas.

Te odio, me quieres, te quiero, me odias; frecuencias distintas, emociones similares. Son solo espasmos, diminutas partículas afectivas que nos unen eternamente con lazos sanguíneos que se estiran pero no se rompen.

Y un buen día la rutina deja de serlo y de regreso (porque siempre regreso), me quedo quietita frente a la puerta y tu sales. Largos minutos en silencio y me dices: Hola mi Loló y bajas las gradas tranquila, con el mismo uniforme de hace 35 años.

Yo sigo hacia mi departamento, abro la puerta, saludo a mi perra, me acuesto en mi cama y pienso que definitivamente escucharla decir "Mi" a ella es de las cosas más nostálgicas, felices y tiernas que alguien como yo puede escuchar.

Luego vuelve la rutina, pero ya no tiene un saber tan amargo...

martes, 2 de marzo de 2010

Afectos animales

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Ella sube a la cama y se sienta en una de las esquinas. Estira el cuello y me mira... me observa como si de eso dependiera su felicidad. Luego hace su cabeza para la izquierda y espera atenta. Yo camino lentamente, probando su paciencia. Al principio ella no mueve ni un solo ápice de su cuerpo, pero a cada uno de mis pasos comienza a hacer pequeños movimientos de emoción.

Cuando ya estoy lo suficientemente cerca vuelve a quedarse quieta como una estatua y entonces me lanzo sobre ella. Entonces gime de la emoción y comienza a jugar conmigo. Rodamos por la cama, yo la acaricio y ella me muerde las manos, yo le beso la frente y ella me lame la nariz, yo le acaricio la panza y ella se estira cuan larga es. Felicidad Absoluta, el más perro amor.

Luego nos quedamos mirando, con esa mirada tristemente tierna que las dos compartimos y suspiramos hondamente. Cierro los ojos y bajo la guardia. Ella, mucho más astuta que yo se me abalanza y da el último lengüetazo a mi nariz. Acto seguido, se acomoda en mi vientre y cierra sus ojos. 5 minutos más tarde ya está dormida. 10 minutos más tarde yo sigo observándola. A esto le llamo amor salvaje, amor animal, amor perruno.