martes, 10 de agosto de 2010

ESPEJISMOS

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Me jugaron Barcelona… Me vendieron gato por liebre, es decir, a la hora del té… café. Y uno siente como rabia, como tristeza, como enojo. No se define claramente pero es una sensación desgastante que te va dejando sin ánimo de sonreír, ni siquiera a un extraño.

En la distancia que hay entre el espejo y la persona que se refleja, se esconden fantasmas que van cambiando la máscara. Lo que veo en el espejo dista de la realidad que toco, aunque es una mimesis casi perfecta, solo que no se reflejan los objetos y sujetos en su complejidad y yo no aprendí a entender que todo lo que se presenta es una visión simplista y reducida de todo.

Cada vez que veía el espejo, las máscaras cambiaban de manera rápida y fugaz. Todo era casi imperceptible, así que era fácil cautivarse con lo que miraba. Una vez fui a una obra donde un tipo hacía un acto de cambio de máscaras. Todo era demasiado lindo para ser cierto, pero era difícil captar donde estaba el truco, hasta que se trabaron las ligas que hacían que la magia funcione y el tipo se puso nervioso y aunque no fue tan notorio todos entendimos que el actor se sintió un fracasado o todos lo vimos como uno.

Es una lástima que lo que miro en el espejo sea solo una interpretación barata pues realmente me gustaría que las cosas fueran más completas. Teniendo todo alrededor, es difícil quedarse con algo y uno termina por atrapar nada y definitivamente eso es algo de lo más tristemente estúpido del mundo.

Así que terminé por romper el espejo y ahora no puedo decir que veo con claridad, pero por lo menos puedo conseguir mirar con la complejidad que cada uno se merece, aunque hay personas que no merecen, pero eso no lo he decidido yo sino las circunstancias. Tampoco puedo decir que haya hecho bien pero por lo menos ya no siento ese desgaste eterno, ni esas ganas de sacar un bat de beisbol y romperle el cráneo a alguien.

Sin espejo, no veo mi reflejo.