FELIDAE

Gris jaspeado con negro, con los ojos más azules que se han visto. Grande, felpudo, suave... con la elegancia de un felino en la noche, en su territorio, en su habitat. 

Se sienta en la mesa que está pegada a la ventana. Los destellos de luz de la luna entran por los vitrales e iluminan su pelaje haciendo parecer que le recubre un aura resplandeciente. Menea su cola lentamente, se despereza sacando sus pequeñas garras y comienza a lamerse mientras ronronea quebrando el silencio imperante en la habitación. Se escucha claramente el contacto de su lengua carrasposa contra sus pelos y su respiración placentera. Se regocija, se encrispa y vuelve a sentarse. Todo con la parsimonia de quien sabe que nadie lo espera.

Pasea su mirada por la habitación buscando algo que el olfato le pide, trazando un pequeño y leve camino hacia el sillón del fondo del lugar. Allí, un hombre lo mira fijamente sin el más mínimo movimiento. El animal lo mira de la misma manera durante algo más de 2 minutos. Luego se levanta lentamente y con paso firme, pero suave, se baja de la mesa a la silla y de esta al suelo.

Se queda rondando por el piso, lejos del hombre pero atento a cualquier movimiento. Poco a poco comienza a acercarse zigzagueando y moviendo su cola sigilosamente. Parece que se acerca por la derecha y de repente cambia de rumbo y toma su izquierda hasta llegar a los pies del hombre. Él, por su parte, se mantiene inmóvil mirando fijamente al frente sin inmutarse por la presencia del felino.

El gato se refriega en las medias del desconocido, y envuelve su cola en los tobillos mientras ronronea incansablemente. En un acto casi instántaneo sube al regazo de aquel individuo y va caminando lentamente mientras le clava las afiladas garras en la piel. Cuando llega a la altura del rostro le lame las mejillas y muerde sus labios hasta que la sangre bordea el labio inferior.

Entonces, se escucha el crujir de la puerta y el felino se esconde detrás del cráneo del individuo. Entre la oscuridad y la luz del exterior se divisa la sombra de una chica de estatura media, con cabello lasio hasta los hombros y un vestido veraniego. Se acerca al hombre y le cierra los ojos. Busca detrás de su cráneo y encuentra al gato con los ojos relucientes mirándola. Dice "Ahí estás", lo levanta, da media vuelta y comienza a caminar en dirección a la puerta. Mientras lo hace recuerda el comienzo del poema que leyó la noche anterior al presente: "Esperando la muerte como un gato que va a saltar sobre la cama...".

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