I - MMXI

No deja de retumbar. Lo escucho mientras se da de golpes contra mí.

No quiere soltarlo, sin embargo, lo deja ir. Pero se queda sonando, se queda emitiendo pequeños murmullos hasta el final de la noche.

Al siguiente día, es como levantarse de un mal sueño con el golpe de la puerta y el frío del rocío que humedece las ventanas.

Ya no lo escucho... Lo intento de nuevo pero ya no está...

Así que sigo y me enfrento al día, me paro fuertemente frente a la realidad.

Escucho el TIC-TAC en mi oído y el sonido de las llantas de los autos contra los charcos de agua. Todo con la armonía del silencio.

Las palabras se vuelven inútiles con el tiempo. La repetición de las mismas es un atentado contra la espontaneidad y una complicidad con la rutina. Es saber que nada de lo que digas va a servir más que oir retumbar y retumbar y retumbar. Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar...

Por cada una, un pensamiento roto. Por cada tú, tú, tú, un hastío; por cada yo, yo, yo, una culpa. Demasiado para dos letras.

Luego se detiene y el cielo va a mil por hora y nadie entiende la dinámica del tiempo.

Se apacigua. Lo oigo despacito, ya se aleja, ya se va. Dentro de poco estaré acostada boca abajo escuchando el sonido del pasar del segundero, indicando la hora de los sueños.

Comentarios

Martín ha dicho que…
Me gusta!
lolita ha dicho que…
sentirlo no, escribirlo si!!

Entradas populares de este blog

Death