El que espera, desespera



El hombre estaba deshecho, tenía un alo de tristeza y la mirada perdida o en algún sitio que yo no conocía, porque no lograba descifrar su infinita lejanía y su nostalgía a flor de piel.

Cuando lo encontré, estaba sentado en la banca del parque, con los codos sobre las piernas y las manos en la barbilla. A su alrededor, la gente paseaba, conversaba y reía. Los niños jugaban, saltaban y gritaban a todo pulmón.

Su sola presencia me llenó de melancolía y no pude hacer más que sentarme a su lado y mirar hacia donde él miraba, aunque claramente no teníamos el mismo objetivo.

- Es imposible no esperar... - me dijo mientras pasaba su mano derecha por la frente.

No supe qué responder. No lo había pensado y tampoco entendía por qué se había dirigido a mí, por qué había decidido conversar conmigo.

Nos quedamos callados por varios segundos, quizás minutos. En mi cabeza solo daba vueltas la palabra esperar y se asociaba con esperanza y luego con tristeza. Luego no entendía por qué la esperanza se me hacía tan triste.

Entonces volteó su cabeza y regresó a verme y dijo:

- Es imposible no esperar, es impensable vivir la vida sin la esperanza de que algo llegue, de que algo cambie, de que algo nos pueda, nos quiera, nos duela...

Le dije que la cuestión estaba en vivir sabiendo que existen esas cosas pero no vivir esperanzado en que pasen, pero al poco tiempo comencé a pensar que yo no tenía idea de lo que estaba hablando y que en cierto modo también esperaba demasiadas cosas de la vida y de lo que en ella sucede.

Me agradeció por el tiempo, supongo que de algún modo necesitaba desahogarse y decir eso que le presionaba los sueños. Le dije que de algún modo había cambiado mi forma de percibir las cosas.

Cuando se fue, me quedé varios minutos o quizás horas sentada en la misma banca del parque mirando a los niños jugar... Todos esperamos algo: grande, pequeño, pretencioso, humilde; algo que nos colme la vida, algo que nos vaya trazando el camino, algo que nos haga sentir que no estamos dando vueltas en el mismo círculo todo el tiempo.

De repente sentí que alguien se había sentado a mi lado, con la misma curiosidad con la que yo me senté en la banca. Regresé a ver y sentí que los dos teníamos la misma sensación, el mismo sentimiento.

Me levanté y caminé con dirección a mi casa. Me sentí angustiada, entendí que no estamos aquí para esperar solamente sino para cumplir lo que tanto esperamos. Al final no creo que importe tanto porque la sensación de expectativa no se va...

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