sábado, 19 de marzo de 2011

FELIDAE

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Gris jaspeado con negro, con los ojos más azules que se han visto. Grande, felpudo, suave... con la elegancia de un felino en la noche, en su territorio, en su habitat. 

Se sienta en la mesa que está pegada a la ventana. Los destellos de luz de la luna entran por los vitrales e iluminan su pelaje haciendo parecer que le recubre un aura resplandeciente. Menea su cola lentamente, se despereza sacando sus pequeñas garras y comienza a lamerse mientras ronronea quebrando el silencio imperante en la habitación. Se escucha claramente el contacto de su lengua carrasposa contra sus pelos y su respiración placentera. Se regocija, se encrispa y vuelve a sentarse. Todo con la parsimonia de quien sabe que nadie lo espera.

Pasea su mirada por la habitación buscando algo que el olfato le pide, trazando un pequeño y leve camino hacia el sillón del fondo del lugar. Allí, un hombre lo mira fijamente sin el más mínimo movimiento. El animal lo mira de la misma manera durante algo más de 2 minutos. Luego se levanta lentamente y con paso firme, pero suave, se baja de la mesa a la silla y de esta al suelo.

Se queda rondando por el piso, lejos del hombre pero atento a cualquier movimiento. Poco a poco comienza a acercarse zigzagueando y moviendo su cola sigilosamente. Parece que se acerca por la derecha y de repente cambia de rumbo y toma su izquierda hasta llegar a los pies del hombre. Él, por su parte, se mantiene inmóvil mirando fijamente al frente sin inmutarse por la presencia del felino.

El gato se refriega en las medias del desconocido, y envuelve su cola en los tobillos mientras ronronea incansablemente. En un acto casi instántaneo sube al regazo de aquel individuo y va caminando lentamente mientras le clava las afiladas garras en la piel. Cuando llega a la altura del rostro le lame las mejillas y muerde sus labios hasta que la sangre bordea el labio inferior.

Entonces, se escucha el crujir de la puerta y el felino se esconde detrás del cráneo del individuo. Entre la oscuridad y la luz del exterior se divisa la sombra de una chica de estatura media, con cabello lasio hasta los hombros y un vestido veraniego. Se acerca al hombre y le cierra los ojos. Busca detrás de su cráneo y encuentra al gato con los ojos relucientes mirándola. Dice "Ahí estás", lo levanta, da media vuelta y comienza a caminar en dirección a la puerta. Mientras lo hace recuerda el comienzo del poema que leyó la noche anterior al presente: "Esperando la muerte como un gato que va a saltar sobre la cama...".

martes, 8 de marzo de 2011

I - MMXI

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No deja de retumbar. Lo escucho mientras se da de golpes contra mí.

No quiere soltarlo, sin embargo, lo deja ir. Pero se queda sonando, se queda emitiendo pequeños murmullos hasta el final de la noche.

Al siguiente día, es como levantarse de un mal sueño con el golpe de la puerta y el frío del rocío que humedece las ventanas.

Ya no lo escucho... Lo intento de nuevo pero ya no está...

Así que sigo y me enfrento al día, me paro fuertemente frente a la realidad.

Escucho el TIC-TAC en mi oído y el sonido de las llantas de los autos contra los charcos de agua. Todo con la armonía del silencio.

Las palabras se vuelven inútiles con el tiempo. La repetición de las mismas es un atentado contra la espontaneidad y una complicidad con la rutina. Es saber que nada de lo que digas va a servir más que oir retumbar y retumbar y retumbar. Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar...

Por cada una, un pensamiento roto. Por cada tú, tú, tú, un hastío; por cada yo, yo, yo, una culpa. Demasiado para dos letras.

Luego se detiene y el cielo va a mil por hora y nadie entiende la dinámica del tiempo.

Se apacigua. Lo oigo despacito, ya se aleja, ya se va. Dentro de poco estaré acostada boca abajo escuchando el sonido del pasar del segundero, indicando la hora de los sueños.

miércoles, 2 de marzo de 2011

X - RAYS

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1.68 de estatura. No tan alta, no tan baja. Es decir, ni tan tan, ni muy muy. Lo mismo en cuanto al ancho. Cabello castaño, aunque a veces en el sol hay destellos de cabellos rubios, pero en general cabello castaño. Ojos medianamente achinados color marrón, nariz un poco grande y boca pequeña. Labio superior fino, labio inferior grueso. Dientes particulares, sonrisa dulce gracias al hoyito que se forma al hacerla.

Rostro alargado y cuello de la misma proporción. Pechos dentro de las proporciones para decir que sí tengo pero tampoco para alardear. Manos pequeñas, con huellas del paso del tiempo. Estómago con dos que tres gorditos, llantitas, guatita o como quieran nombrarlo. A mi favor, los gorditos sirven perfectamente para la "tracción".

Derrière aventajado, al igual que las piernas; y pies totalmente agradables. Piel completamente blanca, aunque no llega a ser pálida y con gran cantidad de lunares (¿lunática?).

De carácter fuerte, de cariños, muchos. De risa estridente, de mirada seria y de sueños encontrados. "viviendo para vivir el amor".

Malgenia, violenta, nerviosa y muchas veces insensata. Directa, necia, noble y confiada. Llena de asombro aún...

Es dificil descifrar la radiografía que se dibuja en el espejo...