martes, 28 de junio de 2011

RESETEANDO EL JUEGO

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- Tú nunca lo entenderías...

- ¿Entender qué Alejandra?

- Que nada es como se ve Antonio, que todo va cambiando de tonalidad en cada mirada, que nada de lo que diga va a cambiar el modo como tú lo entiendes, que tu inicial y la mía forman la Autodestrucción Anónima...

- Después de todo a nadie le viene mal un poco de destrucción. Claro como para volver a construir, digo.

- No es broma Antonio!

- Si no lo digo como broma. Lo digo en serio, tan serio como tu entrecejo, tan distante como tu mirada. Lo digo con la frialdad de tus palabras.

- Entonces tu dices que está bien saber que vamos cuesta abajo y que deberíamos disfrutar el vértigo que sentimos?

- Solo digo que es preferible sentirnos vivos y cálidos, que no sentirnos por estar muertos y fríos. Y digo también que a veces se necesitan emociones fuertes para sentirnos vivos.

- No creo que sea buena idea que te acerques tanto - le dije susurrando mientras sentía que la respiranción se agitaba y estrepitosamente se aceleraba como una montaña rusa en bajada.

- Mientras más me acerco, más te alejas. Como que le voy encontrando sentido a que te llames Alejandra - me dijo mientras yo sentía su respiración cálida en la espalda. Lo sentía detrás de mí como un dragón acechándome.

- Creo que lo mejor es que te vayas... - No lo resisto más y me abalanzo con una violencia tal que Antonio me mira estupefacto, en silencio, dejándose conducir, permitiéndome llevar el control.

- A eso me refiero cuando digo que necesitamos sentirnos cálidamente vivos - me dice mientras se sonríe en un momento de extasis absoluto.

Cuando despierto, el mismo círculo vicioso ha vuelto, la misma sensación de mareo y de desubicación está ahí, solo que la placidez es tan grande que solo atino a mirar el techo y pensar en lo delicioso que se siente el juego maquiavélico del tira y afloja, del alejate pero tómame. Él solo me mira con su rostro relajado y sus ojos vivaces. Se sonríe, se acerca y me dice al oído:

- Después de todo... Destruirnos un poco nos ayuda a construirnos ¿o no?

- Después de todo Antonio, después de todo solo estás vos hablando de destruirnos y después de todo estoy yo estrujándote hasta construirnos de nuevo. Comienzo a pensar que deberíamos patentar esto de AA pero aumentarle dos A más: AA AA, Autodestrucción Anónima... Adicción Asegurada.

- De paso, Diversión Asegurada, ya que estamos tan creativos.

- De paso voy a recordarte cuán cerca estamos de estrellarnos en este vehículo que va a mil por hora - le digo mientras me incorporo y me siento frente a él.

- De paso en paso te vas alejando de nuevo. Qué manía la tuya Alejandra de estirarte y acortarte como un elástico. En algún momento vas a romperte o explotar que es lo mismo.

- En cualquier momento tú vas a hacerme explotar, porque tienes la posibilidad de hacerlo y porque nada te detiene Antonio. Porque tú lo vives todo como un juego donde hay contrincantes que deben vencerse y siempre quieres tener los trofeos de la victoria al final y yo no funciono así. Para mí la cosa es más como un juego en equipo en el que tienes que trabajar en conjunto para pasar al siguiente nivel. Y si jugamos tu juego y estás buscando vencerme ¿qué caso tiene que yo intente trabajar contigo para pasar a la siguiente fase? Creo que prefiero perder las vidas absurdamente y que en la pantala salga GAME OVER. 

Salgo de la habitación. Creo que no tiene caso seguir dando vueltas al infinito en un espiral que me está tragando lentamente. Él se queda en la puerta y supongo que mira como me alejo por la calle oscura e iluminada por dos o tres faroles que titilan haciéndole guerra a la noche. Regreso a ver y me sonríe, con esa mueca de revancha... 

- En las batallas no se huye! - Me grita mientras da un paso al frente.

- Esta batalla termina cero a cero! No es un empate, sino una perdida para los dos lados - Le grito mientras me recojo el cabello en la oscuridad.

Me pierdo en la neblina, me pierdo en las palabras dichas, en los silencios incómodos y en los placeres vividos. Me pierdo como lo hace quien no puede ver el terreno y va tanteándolo con la punta de los pies. En algún momento algo va a pasar, o me caigo o llego a la meta o me quedo quietita hasta que alguien venga a mostrarme el camino.

La noche está especialmente fría hoy, mi rostro está congelado, al igual que mis manos. Me siento a esperar el autobus y creo que nunca había sentido tanta serenidad. Quizás esté perdida y quizás en mi pantalla salga GAME OVER en letras rojas, pero siempre hay la posibilidad de sacar el juego, soplar, resetear y volverlo a jugar.

(Esto es solo una ficción)

domingo, 26 de junio de 2011

Ojos de Cielo

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Hay "cosas" que nunca tendré... eso pienso mientras los veo caminar y hacerse bromas, mientras ella camina por la cuerda floja que es aquella pared y él la toma de la mano y le dice que no mire hacia abajo. Se sonríen con esa complicidad que yo nunca sabré comprender.

Quizás en algún momento tuve todo eso que ahora no sé descifrar, pero no recuerdo nada... En mi memoria no queda ni siquiera el rastro de lo que se siente tener lo que él y ella tienen.

Así que camino deprisa, libro en mano, con la bufanda cubriéndome la garganta y la nariz roja (ella es la que recibe todo el frío de esta ciudad). No logro contener las emociones y tengo miedo que terminen desperdigadas por el piso y yo tenga que recogerlas. Comienzo a correr hasta llegar al portón de mi casa. Cuando estoy ahí paro, respiro de manera alterada y comienzo a caminar, quitándome el cabello de la cara.

El camino sigue, supongo. Debo aprender a controlar las emociones o por lo menos esconderlas antes de que cualquiera pueda encontrarlas y hacer uso de ellas en mi contra. De pronto alguien toca mi hombro. Doy media vuelta y despierto...

(Quizás sea la coyuntura pero la canción de hoy es "Ojos de Cielo" de Víctor Heredia. Sé que si él estuviera, yo sería la niña de los ojos de cielo)