lunes, 9 de julio de 2012

FREE LOVE

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Me erizas. Entre esta sensación de saberte ilícitamente cercano y tan correctamente distante, me erizas. Y no hablo solamente de esta acción corporal que acelera mi respiración, descontrola lo poco que queda bajo control en mis entrañas y hace de mí un cúmulo de fluidos que van y vienen exacerbando mi instinto. No, no hablo solamente de eso. Hablo de erizar como aquel animal, que mientras se mantiene cerca lastima, pica, hiere. Ese mamífero que mantiene la distancia y que, de manera huraña, busca la compañía de alguien, sabiendo las consecuencias de esos actos. 

Me estremeces de tal modo, que cada conexión neurológica crea un choque eléctrico y mi cuerpo tiembla. Cada capa epidérmica cimbra y provoca esta sensación de éxtasis que no puedo esconder, que no se deja ocultar y demuestra que me puedes (y de qué manera!!).

En este camino no hay señal de retorno, no hay una salida emergente y estamos listos para quemarnos vivos.  Imagino que será un dolor inquietantemente satisfactorio, en la calidez de la complicidad que nos envuelve.

Déjame erizarte, estremecerte. Déjame bloquear todas las salidas y agotar todos los recursos. Déjame contarte los pecados, sacudirte las dudas y alimentarte los sueños. Déjame...