“Arriving somewhere, but not here”


C dijo que de todo esto se aprende. Yo dije que no había otra opción, porque, o se aprende o uno se vuelve a tropezar una y otra vez con el mismo error. Así que más vale que a la primera entiendas de qué va todo esto. 

La situación está como está, es decir, yéndose al carajo y yo pienso en lo divertido que era todo, antes, cuando las cosas iban en picada y aún sentíamos el vértigo y la adrenalina de salvar todo en el último momento.

Ahora C habla con el dolor malsano de quien ha perdido eso que le hacía tanto daño pero que era lo que estaba al alcance y lo que rellenaba el vacío de los días y el insomnio de las noches.

Todos entendemos de lo que está hablando C, todos tenemos el recuerdo de los pedazos desperdigados en el suelo y de la respiración agitada buscando respuestas, lanzando preguntas, tratando de descifrar lo evidente, intentando solucionar la ecuación que a nadie más le importa.

Sé lo que se siente pero no encuentro qué decir cuando C deja de hablar. Quisiera tener las agallas para decirle que la historia no se repite, que si aprende de esta experiencia, esto no volverá a suceder. Pero no tengo lo que se necesita para mentir. Nada, ni nadie nos asegura un porvenir que valga la pena y el cuento se escribe al ritmo de las pulsiones del cuerpo al exponerse a la realidad. Todos estamos listos para apostar sabiendo que tenemos todas las de perder.

D también está apostando al caballo más débil sabiendo que sus probabilidades son escasas. Es sólo una cuestión de tomar el camino difícil y jugársela hasta el final como si de eso dependiera su vida. Aunque, a decir verdad, su vida depende exactamente de eso. D no merece esto. Él lo sabe, yo lo sé. ¿Quién carajos nos está jugando esta mala pasada?

Hace unos días vi a un tipo llorar desconsoladamente en la calle. Era un hombre de aproximadamente 40 años y caminaba entre los carros en el tráfico de las 09h00. Su llanto era desesperante, su andar errante y sus pies descalzos sólo aumentaban mi ansiedad. El tipo no decía nada, sólo lloraba.

Este acontecimiento se quedó dando vueltas en mi cabeza y días después, viendo una película, encontré un término que definiría perfectamente ese momento. En el ajedrez Zugzwang quiere decir, a breves rasgos, obligación de mover. Se dice que un jugador está en zugzwang cuando cualquier movimiento que realice empeora su situación o lo lleva a perder la partida.

El tipo estaba en zugswang. Moverse habría significado salir herido o atropellado por un automóvil. Así que el tipo se quedó llorando en la mitad de la calle quién sabe por qué y hasta cuándo.

Pensé esto por varios días. Le di vueltas al asunto hasta entender que C, D y yo estábamos en zugzwang y recordé que también E lo está. E necesita, de manera urgente, algo o alguien que le haga perder de una buena vez la partida y que luego le dé una oportunidad para hacer las cosas a su modo y con sus reglas.

D no tiene alternativas. Está en zugzwang hasta nuevo aviso y quién sabe cuándo volverá a encaminarse. Hay momentos en los que se necesita dejar pasar la vida, no mover un dedo, parar y dejar que todo se vaya al carajo o tome su rumbo. Dejar de pensar…

Moverse, por el momento, implica perder la partida y perder no es una opción que quiera aceptar en este preciso instante. El cielo se está cayendo a pedazos y siento los ratones carcomiendo el piso de esta habitación pero moverse no va a solucionar nada, menos cuando el caos está adentro.

C está apostando todo sabiendo que va a perder. No le importa. Ha conocido una chica hace un par de semanas y por el momento es lo único que necesita.

A veces es sólo eso lo que necesitas… Salir, conocer a alguien, tomar un trago y pensar que no hay apuro, igual te estás yendo al carajo, da lo mismo si lo haces rápido o lento.


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