Bis


Cuando los pájaros comienzan a gorjear y tú los escuchas ahí, detrás de la ventana, con todos los intentos de acciones fracasados, sabes que la noche ha naufragado y que la resaca cerebral se viene despiadada.

Tomas un taxi y las luces de la ciudad son como destellos que te devuelven a la realidad luego de mantenerte en un estado de NO ESPACIO-TIEMPO abrumador. Recuerdas cada acción una y otra vez pero no logras entender en qué parte se rompió el elástico. Pagas al conductor y no hay precio caro por el placer de lo vivido, ni la frustración de lo no vivido. Algo se quema en la azotea, sea por frío o calor.

Puedes repetir el plan una, diez, cien o mil veces. Puedes levantarte todos los días pensando que los fantasmas se irán pero siempre habrá uno que quiera quedarse y tú permitirás que se quede porque no soltar la soga tiene cierto encanto, porque la cordura, la mayoría de las veces, no resulta tan excitante como desquiciarse un poco.

Soy el tiempo que perdiste en conocerme, la carrera que no terminaste, el silencio incómodo luego del momento incómodo. La úlcera en tu estómago y la sensación de vértigo que sientes cada vez que huyes. El quejido presente en cada palabra y la inconformidad de estar donde estás. La duda, la maldita duda, que camina de un lado para el otro, manteniéndote siempre en ese estado de ansiedad que nos conecta tanto y nos aleja otro poco.

Esa misma ansiedad que corroe mi cerebro. En todos los lugares y en ninguno, mi cuerpo incómodo vaga entre el lenguaje y las melodías de una ciudad que decepciona, de una urbe asquerosamente parásita. 

Y ahí estás vos. Ahí estás y me miras confirmando que soy tu objeto de afecto en tus estados alterados de conciencia. Y ahí estoy yo. En realidad, AQUÍ estoy yo construyendo búnkeres, hablando desde mi trinchera, manteniendo y peleando por la distancia. Ese tipo de cosas que no se entienden, pero que se olvidan cuando me estrujas, entendiendo este término como el apretar a alguien y comprimirle tan fuerte y violentamente, que se le llegue a lastimar y maltratar.

Si estás huyendo, es normal que todos los caminos conduzcan a ausfahrt* y que exista un nivel exacerbado de paranoia y miedo. Inconscientemente buscando, conscientemente renegando y la historia se repite una y otra, y otra, y otra vez... Un bis infinito.  

¿Alguna vez sentiste que jugaste con los dados trucados?


* Salida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Death