viernes, 21 de febrero de 2014

"The sound of silence"

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Está bien, lo admito, fue una sequía de palabras. Bueno, en realidad fue un dique que atravesó este espacio-tiempo y mantuvo todo estancado en la azotea. Supongo que eso se siente cuando alguien te golpea con un bate de béisbol en la cabeza. Un zumbido irritable y luego el silencio, el maldito e incómodo silencio.

Eso fue lo que pasó cuando M llamó y dijo “D está muerto”… silencio, desesperante y agobiante silencio. Aún  no encuentro las palabras o quizás lo estoy haciendo mientras miro, sin parpadear, el teclado e intento describir con letras la caída del castillo de naipes o el ocaso del guerrero.

D tomó mi mano mientras esperábamos en el hospital y dijo “debo ser muy salado para que vuelva a crecer el tumor en menos de un mes” y luego, intentando mantener la compostura, me dijo, con la voz bajita, “yo no le tengo miedo a la muerte, pero me hubiera gustado vivir más. No me preocupan ustedes pero no sé qué va a ser de M”. Y D no sabía que M y todos los demás nos la estábamos jugando y apostando por él.

Cuando pienso en D recuerdo perfectamente sus manos y el modo en el que bailaba porque era pésimo. Tenía los ojos como dos capulís y unas pestañas enormes. Lo recuerdo porque cuando se pasaba de tragos le decían pestañita. Era un tipo demasiado tranquilo, de andar calmado y de pocas palabras; pero sabía qué decirte cuando estabas desarmado. D era de esas personas que escuchaba y uno sabía que aunque no dijera nada, buscaba en su mente la solución a todo como si estuviera resolviendo un problema del Álgebra de Baldor.

Me enseñó a cocinar, le pusimos nombres graciosos a la comida. Fue mi primer guía turístico del Centro Histórico de Quito y tenía el mismo defecto que yo al caminar: los dos metíamos el pie derecho. Me sobaba la panza cuando me sentía enferma hasta que me quedara dormida. D siempre estaba al pie del cañón conmigo o al menos eso recuerdo desde que M lo nombró mi representante legal en el colegio. Siempre cómplices compartíamos lecturas, películas y música.

Sí, D fue mi primer gurú musical. El día que fui a recogerlo de una de sus primeras quimioterapias escuchamos Brandy you´re a fine girl de Looking Glass. Entre dormido y despierto me dijo “no había escuchado esta canción hace mucho tiempo. Debe tener como 40 años”. Me quedé con la duda así que investigué y efectivamente la canción tenía 40 años de haber sido creada. D tenía buena memoria y sabía contar historias o me gustaba escucharlo hablar, quién sabe.   

Mientras esperábamos en el hospital, él en su silla de ruedas y yo en un asiento de metal, me decía “métete al youtube y busca True love de Glenn Frey. Tienes que ver el video” y luego me retaba “no sé por qué no has oído más de Supertramp, estás dejando pasar un buen grupo” y yo siempre decía que ya lo iba a escuchar y el día no llegaba y volvíamos al mismo dilema.

Aún con la debilidad, el cansancio y el miedo a la enfermedad, cada vez que íbamos en mi carro al hospital disfrutaba de la música que sonaba en la radio. Recuerdo que movía las manos y jugaba con sus dedos como si fueran baquetas y bailaba, todo arrítmico, I Can´t dance de Genesis y yo solo imaginaba a Phill Collins y D haciendo una coreografía como la del video.

Es por todo esto que creo que cuando colgué la llamada el zumbido y luego el silencio irrumpieron en el espacio. Ya no había música. Sentí que, de un tajo, alguien había puesto stop en el cassette de mi vida y la cassettera se quedó en blanco. Sí, así cursi y todo.

Son cosas que no ves venir aunque te las imagines todas las noches. Nadie está listo para lidiar con un silencio tan incómodo y sentir de buenas a primeras la ausencia del que siempre fue presencia.

En la noche nos reunimos en casa de M. Hablamos, hablamos mucho sobre D, como si contar anécdotas y recordar sus gestos lo mantuviera con nosotros más tiempo.

Ver morir a los tuyos es parte de crecer. Así que, luego de soportar el silencio, tuve que romperlo y dejar que sonara Enganchaíta de mi vida de La Canalla y quedarme desarmada para luego gritarle I love you (o silly love songs) a D y dejar que Paul McCartney hablara por mí.

“He gave it all to me now can't you see? What's wrong with that? I need to know 'cause here I go again… I love you…”


Aún retumban las palabras en mi cabeza…