Try. Get lost in heaven. Get lost in hell. Jump. Repeat.


Sonrío. F me pregunta que por qué lo hago -siempre me pregunta que por qué lo hago-. Le digo que todos los días deberían comenzar así. Me pregunta que cómo es "así".

-Así -le digo- amanecer con un gemido. Abrir los ojos y encontrarte con una realidad placentera que te provoque espasmos que demuestren que estás vivo, que todavía tienes la capacidad de conmoverte con tu propia animalidad.

Sonríe. Pasa su dedo por mi nariz y nota que está fría -siempre está fría-. Me mira. Le pregunto que qué piensa. La respuesta siempre es la misma: nada. Minutos enteros de nada, miradas repletas de nada que se desborda y termina empapándonos y nos obliga a permanecer, placenteramente, abrazados. Sí, claro, nada.

Hay mucho espacio a mi alrededor. El pasto está mojado. Iba a quedarme en la cama mientras F fuma, pero prefiero caminar un poco. Mientras lo hago, me repito una y otra vez que algo bueno tiene que salir de todo esto. Es un manera absurda que tengo de calmarme y no perder la sonrisa.

F ya no está. Pienso en el tiempo que toma llegar y la brevedad de quedarse. Esta ambigüedad existencial y la conciencia de saberse tan cerca y tan lejos. Tic-tac, tic-tac... matar o dejar morir. Quedarse, sin preguntas, sin un cruce entre el espacio y el tiempo, pero con la certeza de la eternidad del instante en el que aspiramos permanecer de algún extraño modo. 

Cuando regreso a la habitación, F ya se ha duchado y prepara el desayuno. Mis pies están helados. Llevo su camiseta y boxer. No puede vestirse sin que yo me desvista primero. Delicias cotidianas. La clase de momentos por los que alguien, en el futuro, podría decirte "el que en silencio se ríe, de sus picardías se acuerda". 

Tomo una ducha. Mientras eso sucede, aleatoriamente se reproduce Rock the boat de Hues Corporation, Freak de Silverchair, Shadowplay de Joy Division y Dreams de Fleetwood Mac. Fue un baño relativamente largo, como muestra mi playlist. Canto y sonrío. El tipo de cosas que haces cuando nada de lo que pasa afuera de la habitación te toca.

A F no le gusta lo que reproduce mi playlist. Dice que no aprecio la música latinoamericana, que Gustavo Cerati fue un pretencioso, que el grunge no lo es todo, que Luiggi es todo y está en todas partes; pero coincidimos en que Gerardo Guevara y Luis Humberto Salgado son unos grandes. Todavía le agradezco en silencio que me haya compartido Alma de Omar Sosa y Pablo Fresu, como tantas otras cosas que siempre se quedan en el aire.

Desayunamos en el pórtico de la cueva, en la mitad de Tierra Sucia, camino a ninguna parte, con todas las ganas de permanecer en ese estado. La paz de no existir para el mundo, la adrenalina de quien se lanza sin paracaídas, con la certeza de que el golpe será seco y duro, y que no estará ahí para sentirlo, así que da igual la altura y la velocidad del salto. Un salto de fe. 

Salimos en su auto. El mismo camino de regreso y todas las intenciones acumuladas en esta caja de incertidumbres. ¿A dónde irán las intenciones? Todas las veces que pensé hacer o decir algo y no lo hice -y no lo hago-. Como ese día que F se sentó a fumar un cigarrillo en la parada de buses y me dieron ganas de sentarme en sus piernas y besarle el cuello.

Supongo que todo se recicla para volver en formas nunca antes imaginadas y este deseo de cantarle You make loving fun de Fleetwood mac es el modo en el que mi cabeza resuelve los acertijos causados por las pocas horas de sueño y las altas dosis de dopamina. Una cosa más para guardar en el rincón de los What if...

"If I stay here, trouble will find me..."

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