miércoles, 14 de septiembre de 2016

Death

Henri Cartier-Bresson

Mi relación con la muerte es, en realidad, un vacío palpitante por la ausencia. Lo sentí sin darme cuenta cuando me amputaron a mi padre. La sensación de presencia/ausencia me acompañó desde aquel entonces, hasta el día de hoy.

Recordé todo esto porque hoy pensé en mi segundo padre y en ese viaje sin retorno, en el que se fue alejando mientras moría, dejándome un segundo muñón. Esta vez, yo era consciente del cercenamiento. Sentí el dolor y la picazón de la ausencia. Ese tipo de sensación que no se va, nunca más se va.

Como si pudiese planificar el sentimiento que te va a partir en dos, acompañé a D, tomándolo de la mano, y cruzamos, yo más asustada que él, el infierno de una enfermedad que nos acercó, aún a sabiendas de que no saldríamos de esta juntos, ni de la mano, ni siquiera de frente.

Los recuerdos se presentan cada vez de manera diferente. Eso hace que persista el miedo de que un día, sin más, deje de recordar las cosas tal cual como sucedieron. Hay un pensamiento que me obsesiona últimamente. Son las manos de D, la imagen de sus manos con su piel carrasposa y la calidez. Todavía cuando pienso en ellas, puedo recordar la sensación de tibieza cuando, al sostener mi mano, decía cosas que ahora ya no recuerdo.

No pude retener las palabras, mi memoria es débil. Sin embargo todavía puedo sentir las manos en mi vientre cuando el dolor acecha, y es exactamente la misma sensación cuando la soledad amenaza con instalarse en este ser, mitad nostalgia, mitad incertidumbre.

Hoy recibí la noticia de que R falleció, y el punto ya no es quién ha muerto sino la idea de que la muerte ronda todo el tiempo, y “luego, con los años, todas las muertes que importan son muertes de niño, muertes de hermano. La muerte de mi madre será una muerte de hermano y la muerte de mi padre también y hasta la muerte de mis hijos. Todo lo demás no es muerte. No es nada.”*

Con el tiempo, toda muerte es la propia, y los cadáveres se cuelan por lo huesos, insistiendo en recordar que no hay momento más fugaz que la vida. La memoria alarga ese instante, capturándolo en pequeñas cápsulas que se resquebrajan con el pasar del tiempo, dejando a la paramnesia hacer su trabajo. Entonces fantasía y realidad juegan a engañarse, y pretenden contarse la verdad.

Yo solo soy aquella que camina, con los recuerdos, los miedos, los cadáveres y la nostalgia. Un cúmulo rebosante de memoria, un amasijo de esperanza y derrota. “Se pelea solo. Siempre. No hay otra pelea. Se gana solo. Se pierde solo. El otro no importa.”* El otro lo he creado yo para aprender a pelear.

La muerte nos está velando. Llueve. No salgas de casa. 

Hope there's someone / Antony and The Johnsons

* "La muerte del hermano" - Ray Loriga