lunes, 26 de septiembre de 2016

El país de la infancia tendrá tu música

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 “Porque tal vez no se es de ningún país más que del país de la infancia”

Rainer Maria Rilke

Es viernes, y cada conductor atascado en el tráfico lo sabe. Nosotros lo sabemos. Estamos con el tiempo justo para llegar al centro histórico de Quito y el policía insiste en pedirle papeles al que está delante de nosotros. La ciudad es un caos y eso que no llueve. Los bares abren temprano, y los oficinistas timbran la salida y buscan el lugar más cercano para descargar el estrés de la semana.

Nosotros aceleramos y llegamos al Teatro Nacional Sucre a las 19h20. En el camino saludamos a varios músicos que se fuman el último tabaco, antes de comenzar la función. Las puertas ya están cerradas pero el Xavi Guerra nos dice que sí podemos entrar y nos lleva al palco presidencial. Nos acomodamos en la tercera fila, justo atrás de María Tejada, Donald Regnier y su hijo. Al poco tiempo entran Gonzalo Guaña y Yurak Pacha, y luego viene Chinatsu Maeda con Bungo, su hijo, que es la viva réplica de Tadashi Maeda.

El Gonzalito me hace la conversa y el tiempo se nos pasa volando. Entre una cosa y la otra, Tati Carrillo entró para saludar con María y ver que todo esté a punto para iniciar. En el último minuto, el pequeño se puso mal y tuvieron que abandonar la sala. En el corre, corre la Lu Pozo termina de ubicar a los últimos invitados, antes de que suene la “tercera llamada” y se apaguen las luces.

El teatro está casi lleno. Hay demasiadas caras conocidas, pero dejo de verlas porque todo comienza a hacerse oscuro y se abre el telón. Escucho el primer acorde y todo me parece infancia. Simon Frith dice que “la música (…) nos brinda una manera de estar en el mundo, una manera de darle sentido”, y lo cierto es que este homenaje al Segundito me hace sentir como en casa.

Mientras transcurre el tiempo, comienzo a darme cuenta de que este no es un concierto, ni un evento, como los que se llevan a cabo en el Teatro Nacional Sucre. Este es un encuentro en el que cada uno, a su modo, habla del Segundito y de cómo lo recuerda. Ya es un año de su partida, y esta reunión es la demostración de que, aunque pase el tiempo, la memoria se empecina en recordarnos, con cada acorde y cada silencio, que hay quienes nunca se van.

Toda la familia Cóndor está ahí para darnos un pedacito del Segundito. También está el Milton Arias, el Giovanni Mera, el Marcelo Beltrán, y muchos otros, que nos comparten su percepción de su entrañable amigo. Todos, a viva voz o en silencio, le regalamos una ofrenda y lo reconstruimos en nuestra mente, sosteniendo los recuerdos con fuerza, para que nunca se vayan.

En la oscuridad de la sala, luego de que ha concluido la primera parte de este homenaje, las imágenes de un video rompen el silencio, y nos encontramos con un Segundito en fotografías, un cúmulo de instantes, y las palabras de la Nancy Guevara, la Andre, la Salo, la Nathasha,y los amigos, que nos acercan al padre, al esposo, al compañero; a ese ser que, como decía el Miltiño Castañeda “no sabía decir que no”. Entonces todos sacamos del baúl de los recuerdos algún momento que guardamos del Segundito en la memoria y nos sonreímos en silencio.

Lo que vino luego fue un abrazo cálido y colectivo, representado por la interpretación de la Misa Ecuatoriana, de Segundo Cóndor, a cargo de la Orquesta de Instrumentos Andinos de Ecuador, el Coro Mixto Ciudad de Quito, el Coro Juvenil e infantil del Centro Cultural Mama Cuchara, de la Fundación Teatro Nacional Sucre. Más de cien personas entonando los pensamientos y sentimientos de un Segundito que vivió y respiró a través de la música, de ese modo de estar en el mundo tan noble y determinante.

Ahí estaban estos músicos con los que Segundito compartió gran parte de su vida, cantando y tocando una misa que, sin duda, debió estrenarse cuando él andaba por los pasillos de la Mama Cuchara, siendo él, a través de su propia sonoridad, de su música.

El silencio toma el poder en la sala. Ya los aplausos cesaron y todos comenzamos a evacuar, no sin antes dejar un último suspiro. Afuera todos hablan de la obra y se despiden. Nosotros vamos por unas cervezas a La Oficina. Nadie habla sobre lo que acabamos de presenciar, ni emite un solo comentario al respecto. Creo que todos sentimos paz; el tipo de sensación que tienes cuando escuchas, miras o vives algo sublime.

Ya no hay caos en Quito. La ciudad en silencio se duerme. Descansa Segundito. Este regalo que nos diste se queda retumbando en nuestra memoria, y es el modo en el que te tenemos presente.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Death

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Henri Cartier-Bresson

Mi relación con la muerte es, en realidad, un vacío palpitante por la ausencia. Lo sentí sin darme cuenta cuando me amputaron a mi padre. La sensación de presencia/ausencia me acompañó desde aquel entonces, hasta el día de hoy.

Recordé todo esto porque hoy pensé en mi segundo padre y en ese viaje sin retorno, en el que se fue alejando mientras moría, dejándome un segundo muñón. Esta vez, yo era consciente del cercenamiento. Sentí el dolor y la picazón de la ausencia. Ese tipo de sensación que no se va, nunca más se va.

Como si pudiese planificar el sentimiento que te va a partir en dos, acompañé a D, tomándolo de la mano, y cruzamos, yo más asustada que él, el infierno de una enfermedad que nos acercó, aún a sabiendas de que no saldríamos de esta juntos, ni de la mano, ni siquiera de frente.

Los recuerdos se presentan cada vez de manera diferente. Eso hace que persista el miedo de que un día, sin más, deje de recordar las cosas tal cual como sucedieron. Hay un pensamiento que me obsesiona últimamente. Son las manos de D, la imagen de sus manos con su piel carrasposa y la calidez. Todavía cuando pienso en ellas, puedo recordar la sensación de tibieza cuando, al sostener mi mano, decía cosas que ahora ya no recuerdo.

No pude retener las palabras, mi memoria es débil. Sin embargo todavía puedo sentir las manos en mi vientre cuando el dolor acecha, y es exactamente la misma sensación cuando la soledad amenaza con instalarse en este ser, mitad nostalgia, mitad incertidumbre.

Hoy recibí la noticia de que R falleció, y el punto ya no es quién ha muerto sino la idea de que la muerte ronda todo el tiempo, y “luego, con los años, todas las muertes que importan son muertes de niño, muertes de hermano. La muerte de mi madre será una muerte de hermano y la muerte de mi padre también y hasta la muerte de mis hijos. Todo lo demás no es muerte. No es nada.”*

Con el tiempo, toda muerte es la propia, y los cadáveres se cuelan por lo huesos, insistiendo en recordar que no hay momento más fugaz que la vida. La memoria alarga ese instante, capturándolo en pequeñas cápsulas que se resquebrajan con el pasar del tiempo, dejando a la paramnesia hacer su trabajo. Entonces fantasía y realidad juegan a engañarse, y pretenden contarse la verdad.

Yo solo soy aquella que camina, con los recuerdos, los miedos, los cadáveres y la nostalgia. Un cúmulo rebosante de memoria, un amasijo de esperanza y derrota. “Se pelea solo. Siempre. No hay otra pelea. Se gana solo. Se pierde solo. El otro no importa.”* El otro lo he creado yo para aprender a pelear.

La muerte nos está velando. Llueve. No salgas de casa. 

Hope there's someone / Antony and The Johnsons

* "La muerte del hermano" - Ray Loriga