One shot before we go…




Respiro. Inhalo. Exhalo. Todo entrecortado. Siento que algo me está presionando el pecho. Es el peso de la acumulación de tiempo en silencio, de los días que, como posibilidades infinitas, pasaron y pasaron, y se desaprovecharon hasta podrirse. Todo ese tiempo para terminar con tanta podredumbre entre las manos.

Camino de prisa y con la paranoia de quien tiene que esquivar vagabundos en el centro histórico de la ciudad. Sí, esa soy yo, zigzagueando de vereda en vereda para evitar que un tipo ebrio se desquite conmigo. La llovizna me empaña los lentes y hace del ambiente una escena de genuina melancolía. Las canciones se reproducen de manera aleatoria y llegan a mis oídos para, por momentos, acallar los pensamientos que, como gritos, insisten en repetirse como un loop.

John Berger decía que “la vida es un relato contado en este instante”. En este punto, no me preocupa tanto el relato en sí, sino quién narra la historia porque, entonces, aunque dos individuos vivan el mismo instante, la vida será el relato que cada uno se cuente de ese episodio. El mío tiene el lunar de la parte inferior de tu labio como punto fundamental e imprescindible.

Narrar la historia completa le restaría fuerza a lo importante, es decir, a tu respiración en mi cuello, repitiendo una y otra vez, que dormirías conmigo, pero que no podrías asegurar que no te abalanzarías como un felino al acecho. Fue ahí cuando volví a ver tu lunar y recordé aquella madrugada en la que, casi sin luz, alcancé a ver ese diminuto punto y tus ojos… esos ojos que me devoraban mientras yo disfrutaba insaciablemente de ti.

Eso pasó hace mucho, mucho tiempo, pero ya ves, un punto tan pequeño, casi insignificante, puede devolverte el éxtasis de otro instante, de mi propia narración de aquel momento. ¿Habrá detalles pequeños en mí que te evoquen algo? Aquel sábado, mientras tomabas tu cerveza y me veías pelear por política, ¿recordaste algún episodio de nuestra historia? Hay tantos silencios que nos separan y tantas veces que nos quedamos a la mitad de algo realmente bueno. ¡Qué desperdicio esta indecisión que nos embarga!

Bailamos. ¿Te acuerdas que bailamos? No eres bueno para la salsa, pero sirvió para acercarnos. Nos reímos. Inventé una estúpida historia sobre un viaje que no existe, solo para no decir directamente que no nos volveremos a ver. Insististe en que sí, que llamarías, que sería bueno conversar sobre este tiempo, sobre las ganas. Estoy segura que, en algún punto, las palabras hubiesen quedado cortas.

Mientras bailábamos, aspiré profundamente tu olor y me sentí en casa. Ya sabes, hay aromas que te hacen sentir seguro, como si el tiempo no hubiese pasado, como si todo jugará a nuestro favor. Te dije que te había echado de menos. Te apreté fuertemente. No te lo dije, pero sigo pensando que dejarnos ir fue una decisión apresurada, como esa noche, que duró seis horas y no me alcanzó ni para entender qué carajo hacíamos y dónde fuimos a parar. Todo lo contrario a los instantes eternos en los que simplemente nos recostábamos en tu sillón y nos amalgamábamos en besos y gemidos desesperados. 

No debiste invitarme ese gin tónic, pero no te culpo. No tenías idea de cómo soy con más de cuatro tragos encima. Yo tampoco. Quizás tú tampoco debiste tomar tantas cervezas, pero sin eso, ninguno de los dos hubiese bajado la guardia y esta historia sería aburrida y poco memorable. Lo bueno: estas ganas de volver a estrujarte. Lo malo: había olvidado que la realidad no nos depara un futuro promisorio.

Lo cierto es que este es mi relato de la noche, el modo en el que me lo cuento antes de dormir. Es mi propia narración del recuerdo borroso y oscuro de lo que no debió ser, pero aparece ahora como algo necesario, pero nunca suficiente.

Y tú huyes, y yo ya no te sigo, porque ahora me parece apropiado encontrarnos en la mitad del camino, en la mitad de otro momento aleatorio. Quizás algún día que traiga posibilidades más prometedoras que una noche interrumpida por nuestros propios miedos y por lo que dicta esta realidad tan pacata.

Respiro. Inhalo. Exhalo. Estoy cansada de fingir que converso contigo en mi cabeza. Todas mis voces sabemos que no tenemos idea de qué es lo que dirías, así que la más débil te invita a bailar. En mi cabeza lo haces bien.  

Dancing In The Moonglight - Toploader (1999)


PLAYLIST PARA LA NOCHE DEL ESTRIBO: 

Do I Wanna Know – Artic Monkeys: https://www.youtube.com/watch?v=zLa6kGQofCU
Open – Rhye: https://www.youtube.com/watch?v=sng_CdAAw8M
Stop The World I Wanna Get Off With You – Artic Monkeys: https://www.youtube.com/watch?v=3PyoxMSEHYI
Let’s Get It On – Marvin Gaye: https://www.youtube.com/watch?v=x6QZn9xiuOE
Crash Into Me – Dave Mathews Band: https://www.youtube.com/watch?v=WqEOvEoCV3w
Dancing In The Moonlight - Thin Lizzy: https://www.youtube.com/watch?v=Unnh0T2Ftro
Crush – Dave Mathews Band: https://www.youtube.com/watch?v=vsmXBQawrRk
Sexual Healing – Marvin Gaye. https://www.youtube.com/watch?v=rjlSiASsUIs
You Mean So Much To Me – Bruce Springsteen: https://www.youtube.com/watch?v=EnpSFAs74Kg
Possibility Days – Counting Crows: https://www.youtube.com/watch?v=Vx1gSZN9YzA
Time Flies – Porcupine Trees: https://www.youtube.com/watch?v=3oAcw7lozFA
If Only – Dave Mathews Band: https://www.youtube.com/watch?v=yenMOilodHA
Canción Animal – Soda Stereo: https://www.youtube.com/watch?v=R3jCiRXml30
Nos Veremos Otra Vez – Serú Girán: https://www.youtube.com/watch?v=OOMQbJU5nCw
Dale Luz Al Instante – Luis Alberto Spinetta: https://www.youtube.com/watch?v=gCYh-2_jZDk
Slow Dancing In A Burning Room – John Mayer: https://www.youtube.com/watch?v=p5XtkwlSIGI
Sometimes Always - The Jesus And Mary Chain: https://www.youtube.com/watch?v=O9UHvh9Zr_Q
Shot At The Night – The Killers: https://www.youtube.com/watch?v=ycllpcmKXRE
Harvest Moon - Neil Young: https://www.youtube.com/watch?v=n2MtEsrcTTs
I Wanna Be Yours - Artic Monkeys: https://www.youtube.com/watch?v=6ayyfucIl6M

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